viernes, 1 de julio de 2016

Homenaje a Juan Rodríguez Pérez

El primer CILA fue realizado en Lima, y es a partir del segundo Coloquio que decidimos homenajear a escritores relevantes de las letras amazónicas.

El II Cila estuvo dedicado a Manuel Marticorena Quintanilla, el mayor investigador literario de la Amazonía, y quien poco después sería reconocido como Amauta por el ministerio de Educación; el III Cila lo dedicamos a Julio Nelson, extraordinario poeta iquiteño cuya poesía es de las más intensas y conmovedoras de la literatura peruana; el IV Cila fue para Luis Urteaga Cabrera, el mayor narrador vivo de nuestra patria, quien escribiera la saga más hermosa de la narrativa shipiba, ganador del premio Ybby y autor de la novela más intensa y violenta de las letras latinoamericanas, "Los hijos del orden"... Y ahora el V Cila rinde homenaje a Juan Rodríguez Pérez, un narrador que ha creado un universo propio ambientado en el alto Huallaga de la región San Martín y en la urbe limeña en su lado más crudo; un narrador nato de estética personal cuyo universo literario es uno de los más ricos de la literatura peruana contemporánea.

Aquí, una breve entrevista a Juan Rodríguez Pérez:


1. ¿Qué libros y cuáles escritores te convencieron de que la literatura era tu oficio?

-Durante la época de secundaria uno va descubriendo su vocación. Ahí descubrí a Vallejo cuando leímos el cuento “Paco Yunque” y analizamos su poema “Los Heraldos Negros”. De pronto me sentí identificado por el calor humano para tratar a sus personajes, por esa ternura en cada uno de sus poemas. Me entusiasmó Tungsteno y sentí rabia con el sufrimiento de Mariela. Sin embargo, fueron muchos años después cuando una amiga me hace entrega de un ejemplar de Cien años de soledad que me siento atrapado por esa inmensa fabulación que hace García Márquez de la historia de nuestros pueblos. Recién sentí que debía leerlo en su totalidad. José María Arguedas y Ciro Alegría son los otros autores que me cautivaron y casi me “obligaron” a ser escritor. Me convencieron de que yo también tenía algo que contar. Y en el camino a realizarme como escritor fui descubriendo a Juan Rulfo y su novela Pedro Páramo, a Izquierdo Ríos con su “Bagrecico”. Todos ellos me convencieron de que la literatura era mi camino y que no debía apartarme de ella.


2. El amor y la mujer son presencias notables en tu obra. ¿Significan mucho en tu visión del mundo y la existencia?

-La presencia de la mujer en mi mundo narrativo es una constante que no me había dado cuenta hasta que alguien, durante una de mis presentaciones, me hizo una pregunta sugerente referente al tema. No puedo dejar de relacionar a la mujer en cada una de mis escenas amorosas, en las diferentes etapas de su vida, porque sin ellas no tendría ojos para ver la vida como se da. Está la madre que sufre, la abuela hechicera, la muchacha enamorada, la amante y la amiga; la pordiosera, la “compañera” y la prostituta; es decir, cada una de ellas representa una imagen del que está rodeado mi mundo.


3. Al comienzo incursionaste en poesía. ¿Por qué la abandonaste?

-No la abandoné, la sigo cultivando, pero considero que no nací para ser poeta. Me gusta la narrativa porque siento que disfruto con las escenas que describo, sueño con cada uno de mis personajes, y a veces, no puedo negarlo, los dejo por años hasta que en un momento de inspiración los vuelvo a sacar y regresan al escenario para darle el punto final.


4. Tus primeras obras denotan una preocupación por el ámbito urbano y la crudeza de vivir en las ciudades. ¿A qué se debe?

-Debe ser por mi condición de migrante. Llegué a vivir en pueblos que adoptaban diferentes nombres de acuerdo a los gobiernos de turno. Descubrir que existía una pobreza diferente a la observada en la selva me hizo padecer. En la costa se vivía una violencia desmesurada, no existía la solidaridad, el pobre vivía un drama que no tenía cuándo acabar. Si vivía en un cerro era de lo más normal que se acostumbrara a convivir con sus excrementos. El trabajar durante mucho tiempo en un lugar como La Parada fue otro de los elementos que me permitió elaborar mis primeros cuentos.


5. Luego, tu narrativa se sumergió en la nostalgia del mundo rural, con ecos familiares que semejan testimonios, con una mirada tan amplia que parecería interminable. ¿Esta suerte de narrativa-río consideras tu estilo propio, la acumulación de historias como la esencia de tu arte?

-Este es el estilo que adopto porque descubrí que infiltrarme en mi mundo interno tenía mayor riqueza y alegría que el mundo urbano que estaba viviendo. Tal vez sentía como una negación a esta vida violenta y cruda que nos tocó vivir a nuestra llegada a la costa. Me siento más cómodo narrando cuentos que se escenifican en la selva. Descubro alegría, ganas de vivir, lucha constante, pero buscando un horizonte; la mujer está presente porque hay un eje que lo representa, mi abuela y mi madre.


6. Ahora has incursionado en la narrativa de la violencia. ¿Qué le sobra, qué le falta a las obras que han tocado este tema?

-En este nuevo libro Mujer de los viejos caminos no es más que la culminación de episodios que he ido observando a lo largo de mis viajes hacia la selva del Huallaga Central. Muchas de esas imágenes están en mis libros anteriores, así tenemos “Rosenda” en Nunca me han gustado los lunes, “Un grito a medianoche”, en el libro La viejita que hacía temblar a la lluvia; es decir, la violencia en la selva no ha sido un tema negado por mí. Este libro Mujer de los viejos caminos tiene el valor de aglutinar el tema de la violencia. Creo que todavía falta tocar temas de la violencia como son la relacionada con la explotación de la mujer durante la época de apogeo de la coca y de la incursión de los grupos armados. Nada se ha dicho sobre la explotación de las niñas en las cantinas o bares en los pueblos recónditos de la selva. En fin…

7. Finalmente, ¿qué opinas que el V CILA te dedique este coloquio?

-Verdaderamente fue una sorpresa cuando me comunicaron. Al principio pensé que era una broma para degustar una buena cerveza o un bocadillo. Considero que existen mejores escritores a quienes se debe tomar en cuenta, porque el camino es ancho y todos estamos labrando para conseguir un objetivo: hacer que la presencia de la Amazonía esté presente en nuestro espacio cultural.

- - - - - - - - - - - -

Juan Rodríguez Pérez (Sauce, 1952) ha publicado los siguientes libros:

- Sinfonía de ilusiones (1995)
- Nunca me han gustado los lunes (1998)  

- Historia de amor desesperado (2009)
- La perla del Huallaga (2011)
- La sonrisa de Mariana (2012)
- La viejita que hacía temblar a la lluvia (2013)
- Sanguaza (2014)
- La tierra de los demonios (2015)
- Mujer de los viejos caminos (2016)

No hay comentarios:

Publicar un comentario